sábado, 12 de julio de 2008

Música llanera - El anima de Santa Helena

Música llanera

Nombre: El Anima de Santa Helena.

Interprete: Juan Harvey Caicedo .

Canción del folclore llanero.



Era un 16 de enero con la brisa mañanera,
cuando escuchaba yo el canto de la pava montañera,
que en los copos de un almendro lamentaba la tragedia,
sucedida en el parrando: casa de Ramón Herrera.

Y fue cosa e lamentar como algunos lo creyeran,
por amor a una mujer dos hombres dieron pelea,
entablando discusión por delicada belleza,
siendo asunto del destino que la inocente muriera.

Les contaré como historia lo que vi desde la puerta,
con el ojo entredormido como gavilán de sierra,
contemplando aquel desorden como venado en gallera,
y lo que vinó después de esta fiesta sabanera.

Es una ley del llanero darle la mano al que llega,
el que esta adentro se atiende, y el que esta afuera se apea,
y con gran algarabía se le abre la talanquera,
como si fuera un hermano que de otras tierras viniera.

Y siguiendo este relato se desenvolvía la fiesta,
en el hato de don Ramón: un hombre de gran faena,
de esos viejos tan llaneros, que no toman caldo e lengua,
para decirle verdades a cualquier sute de escuela,

Se festejaba el cumpleaños en albor de primavera,
a una linda catira, como la flor de azucena,
y fueron 15 los pétalos los que a mi me dieran pena,
que fueran a marchitarlos abejas de otra colmena.

Sonaban golpes llaneros en el arpa sabanera,
era el joropo altanero anunciando la tragedia,
recordaba a florentino y a su sombría leyenda,
cuando vi llegar dos hombres, parecía que el diablo fueran.

Serían las 6 de la tarde, paso la garza morena,
cantando el alcaraban vieron su luz las espermas,
se escuchaba en la cañada algarabía de chenchenas,
y del estero lejano se alzaban garzas paletas.

El relincho de caballos conmovió a la concurrencia,
amarraron sus monturas acomodándoles sueltas,
se quitaron el sombrero, pero entraron con espuelas,
venían con el traje negro, revolver y cartucheras.

Saludando entró el primero con ademan de fiereza,
se le dirigió al artista manifestando una seña,
fijo la vista al contorno como buscando querella:
"yo vengo de Santa Rita contrapunteo con cualquiera".

Los nubarrones del cielo dieron paso a las estrellas,
las brisas se disiparon dando a la luna mas fuerza,
que así cubrió a la sabana de suaves hilos de seda,
mientras que allá en la montaña se oía el rumor de las fieras.

Un mosetón bien llanero con mirada de gacela,
se prendió de las maracas y con revuelto e muñeca,
marcando el sumba que sumba contrapunteo la pieza,
metiendo furia y candela al fogón con leña seca.

"Yo soy gavilán primito cuando me enfrento a la presa,
soy un toro cimarrón que no lo alcanza la bestia,
soy código de valor con ley de naturaleza,
si me saludan saludo, si me la buscan la encuentran"

Con gritos y zapateos contesto la concurrencia,
las muchachas comentaban: aquí comenzó la fiesta,
los viejos se levantaron y empinaron la botella,
la gente se fue agolpando para escuchar la respuesta:

"Mi nombre lo tengo escrito con el poder y la fuerza,
de estar oyendo mentiras tengo la barriga llena,
yo soy el hombre que en vida se llevará esta doncella,
catirita ojos azules a quien le brindan la fiesta".

Como si fueran espinas que a su corazón prendieran,
reviro aquel moseton mostrando su corpulencia,
se pararon las maracas no se movían las muñecas,
mirando a su contrincante, le respondió con fiereza:

"Quien a visto que un padrote se deja quita una yegua,
por un caballo campon de engorde y para la venta,
de eso yo estoy muy seguro me atrevo a cerra una apuesta,
acomódese el sombrero puñao en viaje y pesetas"

Y no terminó la copla cuando se armo la pelea,
metieron mano a las armas a la luz de las espermas,
querían demostrar con esto que el que menos corre vuela,
y con el cantar del gallo se dividieron las cuentas.

El que prendió la furrusca quedó mirando a la puerta,
con un balazo en la frente fruto de su querella,
pero una bala de su arma ... una bala traicionera,
marchitó los 15 albores de aquella flor azucena.

Se fue oscureciendo el cielo y brillaban las estrellas,
el arpa tocó en lamento una tonada llanera,
canto el guaitacaminos se oían relinchos de bestia,
y por la inmensa llanura galopaba quien viniera.

Con sin igual cobardía y como apostando carreras,
se fue dejando a un amigo que acompaño en la reyerta,
un jinete forastero en el hato de santa helena,
aborreciendo la vida del llanero de estas tierras.

Si a mí no me lo preguntan tampoco suelto la lengua,
el que no baila se sienta, el que no va a misa peca,
me gusta ser lo que soy para mostrar mi conciencia,
sucedió en el Sinaruco frontera con Venezuela.

Aquí termina el relato que mi memoria recuerda,
dicen que por cada año, marcando la misma fecha,
se ve una blanca figura de inigualable belleza,
alejar los forasteros del hato de Santa Helena.

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